Los vicios que dejé atrás

La metamorfosis es un vicio como cualquier otro.

Archivo para Septiembre 2009

La sinceridad a través del tiempo

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Hace ya tiempo que conozco a cierta persona, orgullosa ella, que se define como sincera al 100% o: “como lo ves te lo digo”. Esta persona nunca se calla nada aunque no llega a ser como el Dr. House, pero se acerca. Dicho comportamiento condiciona mucho su relación con los demás sobretodo porque el pueblo llano (entre el que yo me ubico) no solemos, o más bien no nos atrevemos, a decir tantas verdades juntas.

Al principio, ingenuo de mí, me maravillé ante tal comportamiento. “Es una persona libre”, pensé. Alguien que encara la vida de frente y aguanta los golpes de cara, admirable. Más tarde descubriría que una vez más, hablé antes de tiempo.

Pero antes de esa revelación pude comprobar el efecto de esa sinceridad en las otras personas y el daño que causaba. Y fue precisamente ese año infligido a otros el que me hizo sospechar que decir la verdad siempre no era tan buena opción, y que además había muchas (muchísimas) maneras de decir las cosas.

Recitando el refranero español:

” Quien a hierro mata, hierro muere”.

Y no hay verdad más grande que el que reparte verdades debe estar dispuesto a recibirlas de vuelta. Sin peros ni nada. ¿Eres lo suficientemente fuerte como para arrojar verdades al aire? Pues también lo eres para aguantarlas cuando te caigan encima a la vuelta.

Hacen falta bastantes hígados para decir las cuatro verdades que todos llevamos dentro, y por eso nos las callamos. No es una estupidez, tenemos como ejemplo al (mediático)  Dr. House, dechado de verdades y más solo que la una. ¿Quien quiere esa vida?. Muy pocos.

El final de la historia (y el desengaño) llega cuando en una discusión entre entre el que escribe estas líneas y el repartidor de verdades se cruzaron idems como puños. Huelga decir que en tan sangriento enfrentamiento no hay vencedor, los dos acabamos tan malheridos que abandonamos el campo de batalla con los restos para los cuervos. Aún así mi adversario se retiró con lágrimas en los ojos, incapaz de asimilar la realidad.

Alegaba que se habían dicho cosas muy gordas, que nada tenían que ver, que solo eran reproches y que no interesaban a nadie. Como buena discusión aquella tenía público, y éste estuvo de acuerdo en que sólo se había dicho LA VERDAD, sin adornos.

Mi decepción fue descubrir que no hay personas libres y a la vez sinceras.

Escrito por rebelwaltz

Septiembre 16, 2009 a 3:21 pm