Archivo para Febrero 2009
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Arrojar a un hombre a un mar infestado de tiburones y decirle que vuelva a casa nadando es como buscar trabajo en internet.
Hace ya más de un año que vendí mi alma al capital por tiempo indefinido pero nunca me borré de los buscadores de trabajo. Sus emails enviados mecánicamente inundan mi buzón de la dirección de correo, especialmente creada para eso (“soy un tipoformalybuenapersonacontratemeseñor@tururú.com”). El porqué hago eso es tema de debate, a muchos les produce un placer inimaginable eliminar su perfil de dichas páginas al encontrar trabajo: es casi como quemar los apuntes de filosofía en San Juan, al acabar el curso.
No me paro mucho a pensar en el hecho de no borrarme de estos sitios. Probablemente sea por vagancia y como envían correos a una dirección que abro de higos a brevas, pues eso, que vayan llenando la bandeja de entrada. El éxtasis de borrar 56 correos de golpe y sin leerlos le hace a uno sentirse importante.
De todas maneras a veces siento la necesidad de ser un poco libre, de no estar atado a esta cómoda silla (es un decir…), a esta mesa de despacho, al aire acondicionado, al café de la máquina y a la rutina. Es una triste sensación de libertad pero aún así me sale más barato que escalar el Aconcagua o tirarme para hacer puenting, que queréis que os diga.
Es una batalla que estoy destinado a perder, lo sé. Un día estaré tan acostumbrado al despertador, recorrer las calles hasta la oficina y tomar un café con sabor industrial que cuando me jubile no sbré que hacer. El café de casa no me sabrá a nada, cuando vaya a comprar el pan intentaré pasar por las calles por las que iba a trabajar y seguiré poniendo el despertador a la misa hora de siempre, aunque solamente sea para apagarlo y seguir durmiendo.
Pero de momento mi nuevas ofertas, esas que me piden que me inscriba ahora, me mantienen alejado de tal destino. Y me aferro a ellas cual flotador pues los tiburones no son nada peligrosos comparados con el mar en sí.
Porque a veces creemos estar seguros cuando simplemente corremos menos peligro que antes.
Lazkao

Hoy en día es verdad que no se lee mucho, así que la entrada adecuar el castigo a la ofensa puede resumirse con esta imagen.
Que vale mas que un millón de palabras.
PD: sacado de la página del dibujante y humorista Manel Fontdevila.
de hipócritas y enchufados

El señor Carlos Fabra, presidente de la diputación de Castellón (Comunidad Valenciana) ha declarado recientemente:
Yo no sé la cantidad de gente que habré colocado en doce años
Todo esto en el contexto de la trama de corrupción que se ha desvelado en el PP, pero eso es harina de otro costal y hoy quiero hacer hincapié en una tradición española: el enchufismo. Algo tan antiguo en estos lares como la siesta, más arraigado que los toros y que gusta tanco como un pincho de tortilla de patatas.
Mis primeros contactos con el enchufismo se iniciaron a la tierna edad de 16 años, cuando a un primo mio lo “enchufaron” en una empresa para trabajar en verano. Todo el mundo estaba contento y felicitaba al chaval, por lo que mi primera impresión fue de que el “enchufe” era algo bueno. Tiempo después, al acabar el la enseñanza secundaria, todos empezamos a buscarnos la vida (universidad, ciclo formativo, trabajar…etc) y entonces una amistad, persona un tanto vaga y perezosa, entró en una empresa familiar con un cargo medio (“para que vaya aprendiendo“).
Yo me alegré con un tanto de indiferencia, pues tampoco era una amistad muy cercana, pero hubo muchos que no lo vieron tan bien. Otros que no tuvieron la suerte de tener un papá empresario y que tuvieron que entrar a trabajar en una fábrica de peones o mozos. Mi fe en el enchufe se tambaleaba, ¿era algo bueno o malo?, ¿estaba bien o mal visto?.
A lo largo de mi vida, hasta el día de hoy, todavía no he logrado comprender las acciones del ser humano y la reacción ante un enchufe es variable tanto en el tiempo como en la magnitud de la envidia, pero a mi parecer he aquí las leyes inmutables del enchufe para averiguar si está bien o mal:
- Si el enchufado/a es un familiar: esta bien.
- Si el enchufado/a es un familiar pero su trabajo es mejor que el nuestro: está mal pero callaremos.
- Si el enchufado /a es un amigo: está mal siempre y cuando su trabajo sea mejor que el nuestro, en cualquier caso se debe criticar a las espaldas y hechar en cara en las discusiones (no importa el origen de la discusión, echar en cara que se es un enchufado siempre queda bien).
- Si el enchufado/a es una persona hostil: orgasmos varios al saber que podremos criticarle por su enchufe, no es que esté mal visto, pero muchos lo consideran un crimen contra la humanidad (y por tanto está muy pero que muy mal)
Realmente uno se podría entretener más en esta lista, pero no he querido hacerla más extensa porque casi todas acaban igual (despotricando verdes de envidia), así que como buen empirista puedo extraer el siguiente corolario:
El enchufe siempre esta bien en tanto que los enchufados seamos nosotros mismos, si no es así, es un acto de herejía condenable en toda conversación por los siglos de los siglos amén.
Si es que siempre vamos a hacer daño, leñe. That’s the spanish way, my friend.
Otro dia hablamos de las oposiciones.
adecuar el castigo a la ofensa

Extracto de la Ley de Talión (ojo por ojo...)
Los periódicos van llenos: un hombre destroza una Herriko Taberna en Lazkao a mazazos. El motivo de tal destrozo es ni más ni menos que la casa de este hombre había sido destrozada por una bomba puesta por ETA (daños colaterales), y su cabreo era considerable pues llevaba unos diez años refomándola poco a poco. Así que con el calentón cogió un mazo y se encaminó hacia la Herriko taberna más cercana dónde destrozó el mobiliario y arrancó carteles ante las caras estupefactas de los clientes mientras decía: ‘Vosotros me habéis jodido mi casa, yo os voya a joder ahora la vuestra’.
Llegó la policía y lo detuvo, más tarde apareció el Alcalde de la localidad (PNV) e instó a los perjudicados a presentar una denúncia por daños y perjuicios. El colectivo de la Herriko taberna ha dicho que esperan llevar al agresor ante la Audiencia Nacional y que le caigan 8 años de prisión, pues es lo que les pasaría a ellos si hicieran lo mismo. Pero esa no es su manera, hoy han aparecido carteles amenazando al hombre del mazo que ha decidido marcharse de la ciudad por su seguridad.
Ahora se presenta el juicio moral. Muchos aplaudirán la acción del hombre del mazo, le llamarán heroe y exclamaran “- que ya era hora que les dieran su merecido a esos aprendices de terrorista-“. A mi parecer este hombre no es un héroe, pero sí un tio hecho a la antigua y con dos pelotas. ¿Ha hecho lo correcto? desde el punto de vista de su seguridad personal ya os digo yo que no, pero desde otras perspectivas el asunto es mucho más complicado.
Estos colectivos se escudan en el sistema: “no pueden hacernos esto, es ilegal”, cuando ellos mismos aplauden y veneran a personas que viven al margen de la ley, causando muerte y dolor a familias que poco o nada tienen que ver directamente con su guerra. ¿Que paradójico, no?.
Probablemente ahora que estamos en campaña este hecho será aprovechado o ninguneado por los partidos políticos, todo depende de la opinión de los asesores de los candidatos, en un vano intento de arañar unos votos más.
Estaría orgulloso de hacer un acto así si no fuera por todos los que van a aprovechar el tirón mediático del hecho, mientras este hombre vive en su casa amenazado y con miedo.
A ver como acaba todo esto.
Cumplimos un año

En Los Vicios Que Dejé Atrás (en mayúscula , como para parecer algo) cumplimos un año. ¿Cumplimos? si aquí solo estoy yo, así que nada de modestias en plan entrega de los premios Goya. Me felicito a mí mismo ya que a parte de el que escribe esto, soy mi mayor fan y a la vez mi crítico por lo que al final puede que sí tenga que usar el plural. Múltiples personalidades, chúpate esa Wyoming que estoy más tarado que tú. Ahora tan sólo me falta conseguir un contrato con la Sexta y colaboradoras macizas (a la par que trabajadoras y profesionales).
El año de esta bitácora ha ido paralelo a mi vida, y como las canciones, los posts me recuerdan a sucesos que ocurrieron. Unos buenos, otros malos. Hoy he vuelto a leer algunos y resulta agradable ver como estaba plasmado el odio, la melancolía o la esperanza en los textos. Quizá no sea un Borges o un Umberto Eco, así que el lector puede pasar horas buscando esos sentimientos plasmados en las letras sin encontrar nada, y eso lo hace más especial para mí. Un acuerdo tácito, secreto e intimista. Un amigo y un confidente. Eso es lo que ha sido para mí esta bitácora.
Gracias a todos aquell@s que nos leen. Seguiremos un año más en la brecha.
Saludos y gracias de nuevo.
la piedra del asno

Imaginemos un chaval adolescente, buena persona y amigo de sus amigos. Poco a poco va creciendo y se da cuenta de que no todos somos iguales: algunos tienen padres con dinero, otros son más inteligentes y unos pocos parece que hayan nacido con una flor en el culo. El escalón que le empieza a separar de sus amistades es cada vez más grande y eso le provoca un resquemor, agriándose el carácter. De ese chaval adolescente y buena persona ya queda poco, la madurez le empieza a hastiar. Para agravar más la situación su actitud hace que aquellos que dicen ser sus amigos se deleiten magnificando la abismal diferencia social, y él es infeliz y eso le amarga más. Una espiral descendente.
Aprovechando un cisma en el grupo de amigos, se alinea con el bando que más le conviene y, orgulloso como él solo, trata con el desprecio acumulado de los años a aquellos que tiempo atrás llamó amigos. La diplomacia no existe para él y tampoco está interesado en dejar una puerta abierta para la reconciliación. Pero ¡ay! su nuevo grupo de amigos se fragmenta, unos se van a estudiar fuera, otros rompen como pareja y de golpe se encuentra solo, aislado por su propia muralla de orgullo y con la puerta de regreso a sus antiguos camaradas sellada por su desprecio hacia ellos.
Primera piedra. Primer tropezón.
El tiempo pasa y nuestro chaval ya no es un adolescente. Vagabundea por la sociedad picando de diferentes amistades, descubre lo que es ir solo al cine, ver películas en casa y el arrepentimiento. Poco a poco se ubica en otro grupo de amistades, a base de tesón y persistencia. Se siente satisfecho, ha vuelto a la noche y las fiestas. Pero llega el verano y retornan por poco más de un mes aquellos que se fueron a estudiar al extranjero. Nuestro amigo deja de banda sus nuevas amistades para gozar full time de los antiguos camaradas. Vuelve a ser feliz. Vuelve a mirar por encima del hombro, pero transcurrido el mes los amigos vuelan a sus respectivos destinos en el extranjero. Soledad dulce soledad, y esta vez acrecentada por la vergüenza de haber dejado de banda sus nuevas amistades, que of course ya no quieren saber nada de él por chaquetero, si antes cerró la puerta esta vez ni se ha molestado en construirla.
Segunda piedra. Mismo tropiezo.
Sin orgullo y aprovechando un reciclaje en su antiguo grupo de amigos, del que renegó en su momento, vuelve al hogar y a relacionarse con ellos. Primero esporádicamente, para poco a poco infiltrarse de nuevo en el grupo. Tantas noches de soledad agudizan el ingenio y la misión tiene éxito, una vez más ha triunfado y se halla en la cima, pero se olvida de la puerta, la maldita puerta por la que tantas veces ha fracasado. Descuida a los demás amigos, se hace de rogar, es arrogante y rápidamente olvida las noches solitarias.
Tercera piedra. No ha tropezado aún pero ésta ya se encuentra en su camino.
PD: Normalmente me gusta hacer una reflexión, dar una opinión o algo por el estilo, pero ante tal demostración de estupidez… sobran las palabras. En breves podré contar el desenlace.