el rey del patio

Últimamente ha cundido la alarma social en los centros escolares. Al parecer los niños ya no son tan niños y se dedican a lanzarse al cuello los unos a los otros, cosa que por otra parte ya sabíamos. Todos hemos ido al colegio y quien más quien menos ha sido acosado, vejado o menospreciado, palabras que astutamente han reinventado ahora para definir el hecho de que se rien de nosotros.
La anécdota sobre la cual me gustaría revolotear hoy es la de un niño de 8 años que se cree el rey del patio. No es que lo sea, pero se lo cree. Quizás es que le hayan dicho demasiadas veces que es muy guapo o simplemente es el que lleva la pelota al recreo, pero la cuestión es que el patio es su feudo y todo quisqui que pulule por allí su vasallo. Huelga decir que no es un rey déspota, pero hace valer su ley y su trono, lo que implica hacer demostraciones de fuerza para reafirmar su autoridad.
Dichas demostraciones no han generado quejas debido a su carácter leve, pero sí han llamado la atención de profesores y tutores, que diplomáticamente han intentado hacer entrar a la madre (ya al padre) en razón. Lo curioso es que por una vez el centro educativo ha sido bendecido con el don de la clarividencia y con todo el peso de la razón le espetaron a los progenitores: ” O su hijo cambia o alguien le va a dar un par de hostias”.
Evidentemente no era una amenaza por parte del profesorado, ni mucho menos. Era una realidad. Ese comportamiento sólo podía acabar de esa manera, cuando un siervo ultrajado se tomara la venganza por su mano estilo William Wallace. Pero los padres de dicho rey del patio no hicieron nada, a lo que un tiempo después el chaval llegó una tarde a casa con un buen chichón y su Nintendo DS (con 8 años tiene un cacharrito que vale más de 100 euros) tuneada en versión extrafina, osease, pisoteada.
Grito en el cielo. Esto es intolerable. Esto es una vergüenza. Vamos corriendo a hablar con la directora, el coordinador y el Ministro si hace falta. Aquí hay que tomar medidas.
¿Por qué ahora sí que es importante el tema? ¿Es porque el niño que esta tarde ha llegado casa llorando es el nuestro y no el de otro?
Y se sucedieron las reuniones del AMPA, los claustros de profesores, entrevistas con el tutor, con la directora y hasta con los de “Esta Pasando”, ¿para qué?: para nada. Hoy hay un rey del patio, mañana habrá otro. El rey ha muerto, viva el rey. El problema no es un solo niño (que generalmente no suele ser el nuestro) sino todos, en su forma de relacionarse.
¿Pero cómo vamos a culpar a unos niños? Tan solo imitan lo que ven. Imitan a sus mayores. Nos imitan a nosotros.
¿Algunos padres se han sonrojado? ¿No? Pues deberían. Y cuando hayan acabado, piensen en una solución.
Que no vamos a dárselo todo hecho.