Archivo para Diciembre 2008
propósito de enmienda para el 2009

Hoy es el último día del año 2008. Unos vienen, otros se van. Siempre se van los mejores, dicen. Reflexiones. Pensamientos. Restrospectiva. En fin, pasar lista a todas las maldades que hemos hecho a lo largo del año y escoger aquellas que volveremos a repetir, así como aquellas que repetiremos pero esta vez no dejaremos que nos pillen con las manos en la masa.
Si las navidades son hipócritas, fin de año es la guinda del pastel. Durante las próximas horas la humanidad se propondrá ser un poco menos hijaputa el año que viene. No se alarmen, que por algo se inventó la borrachera de año nuevo: para olvidar.
Los hombres seducimos valiéndonos de mentiras y luego pretendemos ser queridos por lo que en realidad somos. Una vez más el teatro, la pantomima y la mascarada de siempre.
Y así nos lo cuenta la historia, que más que historia es una historieta de la risa que da. Asistimos durante toda la vida a un curso de Mentiras y Engaños, con máster en Falacias y Falsas apariencias, para llegados al 31 de diciembre, envainar el puñal brevemente y arrepentirnos con dignidad.
PROPÓSITO DE ENMIENDA:
- No diré la verdad nunca, bajo ninguna circunstancia, antes mentir que perder la vida.
- No cometeré actos honrados.
- Santificaré los días no-festivos.
- Mataré.
- Pecaré siempre que vaya en contra de mis principios
- No dejaré que los hechos me estropeen una mentira continua y bella.
Feliz navidad y próspero año nuevo.
R.
SPA

Hace siglos, cuando los dinosaurios aún caminaban por la tierra, yo trabajaba en una pérfida empresa ubicada en un polígono industrial. Para aquellos que no conozcaís tales lares, basta decir que son las ciudades sin ley del viejo oeste traídas a la actualidad, cambiando los “saloon” por bares de menú y las coristas del can can por travestis. Pasó el tiempo y cambié de trabajo para acabar emigrando a la ciudad, apartando las camperas y el colt en el armario para así volverme más “civilizado”.
Ahora ubicado en una cueva en los bajos de una colmena de viviendas, veo otro tipo de gente pasar, y las lángidas tardes de Sol menguante las paso observando el ir y venir de esos seres por el portal. El sujeto de estudio más peculiar es un adolescente de los de ahora: pantalones tres tallas más grandes, sudadera, gorra, pose de chulito y sin ocupación clara. El tema de la ocupación es francamente importante pues ya tras un tiempo fijándome en sus horarios, me cuesta determinar a que se dedica. Trataremos de ser educados y catalogaremos su actividad como “sus labores”, pero esto amigos no es más que una hipótesis.
El espécimen catalogado como “Sujeto Pasivo Adolescente” o SPA (no confundir con un centro de belleza) carece de horarios fijos y para él tan solo existen los viernes, sábados y domingos, careciendo por completo de conocimiento de los demás días de la semana a los que llaman “los días en que chapan todo”. Algunos SPA sádicos se atreven a llamarlos días laborables pero como es conocida su alergia al trabajo hemos llegado a la conclusión que ha de ser una broma o chiste, del que probablemente no lleguemos nunca a encontrarle sentido.
Muchos argumentan pasar los días entre el viernes y el domingo en centros escolares, en los que expertos en la materia todavía tratan de averiguar que hacen allí. Eminentes científicos noruegos postulan que es una especie de centro de ocio a donde los SPA’s acuden entre semana para organizarse el finde (como lo llaman ellos). Dichos (eminentes) científicos noruegos estallaron en febriles carcajadas al mencionarles que esos centros eran escuelas españolas.
Los SPA son la generación que heredará el futuro, también llamada la generación “todo me lo han dado hecho”, y si bien nosotros vivimos mejor que nuestros padres, y a su vez estos vivieron mejor que nuestros abuelos, poca esperanza hay de hacer algo de provecho con alguno de estos sujetos.
Prestigiosos analistas y médicos estadounidenses en conjunto con la Universidad de Tel Aviv han aislado a un grupo de estos sujetos en un centro especial de I+D en Pasadena (Nevada) para realizar diversas pruebas con el fin de hallar una cura. Tras seis meses de estudio se ha hallado una vacuna tras ponerlos a picar piedra (literalmente) 8 horas al día, 5 días a la semana. La vacuna ha sido llamada REALIDAD y es efectiva en un 99% de los casos.
Si os pensabais que el regalo de estas navidades seria una PS3, desengañaos, REALIDAD 159mg en pastillas.
El mañana os lo agradecerá.
la montaña de mandarinas

Volviendo al hogar tras una jornada laboral (que no de trabajo) me entretengo por el centro, deleitándome con el derroche de energía de las luces de navidad y la pompa y el boato que rebosan los escaparates del pequeño y mediano comerciante. Y allí está, una humilde frutería, en medio de aquel mar de Zaras, Bersckas (o como coño se escriba), Mangos etc.
-¿Y porqué me fijo en una fruteria? – pensareis. -Mandarinas- yo respondo. Si amigos, una torre de mandarinas erigida cual zigurat persa, un coloso de cítricos que bien haría empequeñecer a la bíblica torre de Babel. Admiro sus aristas redondeadas, aspiro su perfume y me extasio ante la sola idea de tocar una de esas mandarinas.
Desde pequeño tengo este deseo, arrancar una de las mandarinas de la base y contemplar la ruina, el destrozo y el caos desparramado por la acera. Es algo superior a mí.
Aun así no estoy solo en mi furia destructora. No, no, no. Hay otros. Muchos más. No los veis porque se esconden, pero estan allí. Dadle la oportunidad al ser humano de destruir y la acojerá en su cálido seno. Es un hecho. Somos unos pérfidos sátrapas que tan solo buscamos nuestra autocomplacencia, cada cual con su vía de escape.
Es la vocecita que susurra en nuestro interior, es nuestro jefe que nos ha tocado los cojones, es aquel urbano que nos ha puesto una multa. El motivo por el que lo hagamos es lo de menos pues es un disfraz, una mera mascarada de uno de los instintos más básicos: destruir.
Y yo creo que la civilización es el dominio (que no la erredicación) de dicho sentimiento. Pobres mandarinas.
Pobres de nosotros.
respuesta elaborada y letra encadenada

Esta era la frase que siempre finalizaba los exámenes de la EGB y a ojos de los pobres estudiantes era la letra pequeña de un pacto con el diablo. Nunca tan pocas palabras habían defenestrado tantos hogares. Imaginad al pobre, o la pobre (¡fíjese ministra de igualdad!) preadolescente que ha estudiado la lección y ve sangrada su nota por haber respondido un escueto “Sí” o “1892”, cuando el tiránico profesor exige un sujeto, un verbo y un predicado. Indispensable el punto a final de frase, o el bolígrafo rojo de corregir ya toca a degüello.
En aquellos tiempos nos parecía una idiotez. Cuantos Notables o Excelentes se convirtieron en vulgares “Bienes” que nos alejaban de aquel premio deseado: la bicicleta, un muñeco o simplemente un flan de postre. Pero por ridículo que parezca, el que inventó aquel método sabía lo que se hacía. Encadenar la letra, tener una correcta puntuación o simplemente saber construir oraciones es algo que antes se consideraba indispensable en alguien “con estudios”. Ser académico obligaba a ser experto en una materia (leyes, ciencias, letras…) y además saber leer y escribir correctamente. No valía cualquier respuesta, tenía que estar bien redactada. Ahora parece ser que el nivel ha bajado un poquito y se contentan con que el alumno no deje la pregunta en blanco. Bastante vergonzoso.
Evidentemente criticar las generaciones futuras es algo que denota que el criticante (me encanta inventarme palabras) se está haciendo viejo. Pero la realidad es así: la generación que sube es casi analfabeta y nosotros nos convertimos en unos fósiles. Primero fueron los correctores de texto. <”Ya piensan por nosotros”> dijimos, y relegamos la ortografía al baúl de los recuerdos. <”Si las máquinas nos corrigen la ortografía, podemos dedicarnos a tareas más elevadas”> pensamos. Al carajo. Si seguimos así necesitaremos una máquina hasta para hacer la “o” con un canuto.
Si antes era grave hacer faltas de ortografía en un currículo (anteriormente motivo fulminante de acompañamiento a la puerta y fin de la entrevista), ahora encuentras sujetos que los escriben con lenguaje SMS: k en vez de que, total ausencia de vocales, emoticonos etc. Vamos que ahora los que seleccionan personal tienen que hacer un máster en criptografia messengeriana ni que sea sólo para entenderse con el sujeto entrevistado. Eso sí, el “ya te llamaremos” es imperecedero y se entiende en todos los idiomas, lo cual a veces pienso que es lo que mantiene la cordura de algunos departamentos de personal. Lo mejor de todo es la cara del chaval (o la chavala) con su minicurrículo en la mano, diciendo que el entrevistador le tenía manía y que sólo por eso no ha conseguido el puesto de cajero/a de hipermercado.
Y lo más fascinante es que muchos de esos currículos caben en un SMS de tan escuetos que son. Economía de palabras, dicen.
Economía de neuronas lo llamo yo.
