un oficio de verdad
El sexto planeta era un planeta diez veces más basto. Estaba habitado por un señor viejo que escribía libros enormes. -¡Mira! ¡Un explorador!- exclamó cuando vio al pequeño príncipe.
El pequeño príncipe se sentó encima de la mesa, aún resoplando. ¡Había viajado mucho!.
-¿De donde vienes?- Le dijo el viejo señor.
-¿Que es este libro grande? ¿Que hace usted con el?- Dijo el principito.
-Soy Geógrafo- Exclamó el viejo señor.
-¿Que es un Geógrafo?.
-Es un sabio que sabe donde se hallan los mares, los ríos,las ciudades, las montañas y los desiertos.
-Es muy interesante- dijo el pequeño príncipe. -¡Eso si que es un oficio de verdad!.
El Pequeño Príncipe,
Antoine de Saint-Exupéry
La civilización, el progreso o cualquiera de esas palabras que engrandecen los discursos demagógicos le dan valor a cosas sólo por el hecho de que a la mayoría le importan. Así es que hoy nos matamos por unos pantalones pitillo y mañana por otro capricho. Con los trabajos pasa igual. Muchas veces tengo la sensación de que hago algo tan específico que no se bien bien para que sirve, y me pregunto que sería de mí si el mundo retrocediese cien o doscientos años. ¿Que podría ofrecer yo a ese modelo de sociedad?
Después de todo es mucho más fácil ir para atrás que avanzar hacia el futuro. Estamos en el siglo XXI y no hemos colonizado Marte ni nos desplazamos en naves como la de los Jetsons. ¿Estamos preparados para arremangarnos y trabajar duro para sobrevivir? ¿Podrán nuestras espaldas musculadas a golpe de gimnasio mantener una jornada de duro trabajo en el campo? ¿Porque los jóvenes no quieren ser panaderos, sastres o alfareros? ¿Acaso ser comercial de banca vistiendo un traje de Zara y pateando las calles es nuestro ideal del éxito?.
Muchas preguntas, terribles respuestas…
