Archivo para Octubre 2008
bohemio
Una vez tuve una novia excesivamente preocupada por el futuro, obsesionada y atemorizada por mi destino y el suyo, que evidentemente iban ligados en aquel entonces. Las veladas de pasión que se suponía debíamos disfrutar, fueron enterradas por noches de interminables monólogos sobre tipos de interés, hipotecas y el número de hijos que podríamos mantener.
A todo esto yo asentía sumisamente pues en aquellos tiempos no era un cínico amargado como ahora y solía ser bastante más tolerante, pero aún así se me debió notar un deje de fastidio ante tanto plan magistral. A lo que ella, preparando ya una discusión épica, preguntó que qué era lo que quería hacer yo en un futuro.
Uno no tiene nunca muy claro que quiere hacer, puedes tener una idea y seguirla, pero hay poca gente que se marque una meta clara y cuadriculada. Yo en aquellos tiempos (y ahora también) no era una excepción pero como siempre he sido un iluso, tenía una ilusión.
Con la vana esperanza de ser comprendido, espeté: “- Yo en un futuro quiero ser escritor. No ahora, pero quizás dentro de dos o tres años. Venderé todas mis posesiones, mi coche, mi equipo de música, mi ropa de marca, en fin, todo. Y me iré a vivir a una oscura y húmeda buhardilla en el centro de la ciudad. Viviré sólo de bebidas espirituosas y aperitivos salados, relacionándome exclusivamente con indigentes, borrachos y mujeres de dudosa reputación. No trabajaré nunca y escribiré solamente de noche porque de día estaré borracho. Mi obra no será conocida ni apreciada, pero llegado el momento de mi muerte (que con mi estilo de vida no tardará en llegar) alguien la redescubrirá entre pergaminosos legajos y despuntará como una obra de culto mientras yazgo en mi fría tumba tras agonizar tres noches aquejado de tuberculosis, o la sífilis (eso no lo he decidido aún).-”
Por lo visto los sueños de ella tan solo incluían casarse por la iglesia, trabajar cada día de ocho a cinco, tener un adosado y envejecer lentamente cambiando el calendario por el número de mensualidades de la hipoteca que restan por pagar.
Al día siguiente lo dejamos. Por lo que sé ha cumplido el primer paso de su plan y está felizmente casada. Me alegro. Yo no soy escritor ni frecuento mujeres de laxa moral, pero cada noche en mis sueños vuelvo a la buhardilla donde me espera una botella de ginebra y una pluma desgastada.
Todos a nuestra manera, somos libres.
no haces nada a derechas, Jörg…
Hace relativamente poco tiempo los medios de comunicación anunciaron la muerte de Jörg Haider, líder de la extrema derecha en Austria. De padres nazis, su padre se afilió al partido en 1929 (cuatro años antes de la subida de Hitler al poder), líder del FPÖ (Freiheitliche Partei Österreichs, entre 1986 y 2000) y después, desde 2005 hasta su muerte, líder del partido BZÖ (una escisión del FPÖ). Ambos partidos de derechas.
Haider era lo que aquí llamamos un facha, o más bien un facha cabrón. Su ideología era sacada del manual del perfecto ultraderechista: racista, xenófobo, intolerante, de moral inquebrantable y virtud innegable. Un superhéroe al estilo tirolés destinado a salvar el mundo de… ¿de qué?. Probablemente de él mismo.
Afirmó que las SS fueron “parte del ejército alemán a quienes debían rendirse honores”. Comparó el holocausto a la expulsión de alemanes de Checoslovaquia después de la Segunda Guerra Mundial. Fue acusado de hacer comentarios antisemitas… vamos que se estan pensando de darle el nóbel de la paz a título póstumo.
Lo discordante es la doble moralidad que mantienen algunas personas. Dicen regirse por los ideales más altos (familia, patria, etc.) pero luego, una vez bajados del atril, se los pasan por el forro. ¿Puede estar uno por encima de sus ideales?. Es decir, ¿Puede creer alguien en unos ideales en los que no se incluye a él mismo?. Si tan beneficiosos y liberadores son dichos ideales, ¿porqué no te ceñiste a ellos, Jörg?.
¿Eran demasiado buenos para tí?.
¿O eras demasiado débil (como te gustaba llamar a tus rivales) para acatarlos?
¿O eras un adicto al poder?
No te culpo Jörg, eras humano. Y como ser humano tenías tus virtudes y tus defectos. Y tu presunta homosexualidad no era un defecto, tu racismo sí. El odio que sentías sobre los demás sólo era el odio que nacía de repudiarte a tí mismo. Llegaste a la cima con discursos demagogos y palabreria barata, pero llegaste a la cima. Eso hay que honrártelo.
Ahora después de una agitada vida política, que ya había dado chismorreos para llenar tres especiales de verano del ¡Hola!, tu supuesta muerte estrellado en un poste al salir de un bar de ambiente empozonará tu ya bien emponzoñada memoria.
Por otra parte seria muy cándido pensar que un hombre que ha hecho tanto daño no tuviera enemigos, con el sable a punto, para acuchillar aún después de muerto la memoria de Haider. Quizás no sea hoy ni mañana cuando se esclarezca el asunto y a muchos no nos interesa si preferías la carne o el pescado, pero bastan tus acciones para constatar que los extremos (da igual del lado que sean) a parte de ser perjudiciales, son una mentira. Como tantas otras que circulan por ahí.
¿que hace un oso en mi montaña?
Se hace eco en las noticias que un cazador ha sido atacado por un oso en el Pirineo Catalán. El susodicho cazador, que de cazador tiene sólo el carnet del coto, declara que estaba participando en una batida del jabalí (10 tíos armados y 15 perros contra un jabalí, eso si que es tener pelotas) y apareció el oso como de casualidad.
El cazador empezó a proferir gritos con el fin de ahuyentar al animal, como hacen todos los cazadores con los que recogen setas, los excursionistas y toda esa clase de chusma que viene a pisar SU montaña. El oso, ni muy peludo ni muy hermoso, se mosqueó un rato y no es para menos, pues si te crían y te sueltan en una montaña para que vivas allí con la lluvia, el frío y las nieves suele hincharte las pelotas que un soleado domingo no puedas darte un garbeo matinal.
Ahí el cazador (recordemos que iba armado) intentó negociar con el animal profiriendo más gritos, pues hay que recordar que la montaña les pertenece a ellos (vamos que ni por un instante se le ocurrió irse él) y viendo que el plantígrado no hacía ni caso, se fue decidido a partirle la cara al oso con sus manos. Para que le quedara claro al oso quien mandaba allí.
Resultado: un cazador con siete puntos de sutura en una pierna y tres en un brazo. Cuando la discusión estaba en su punto más álgido ( os sea, iba ganando el oso) llegaron mas cazadores y el oso evaluó la situación: Vienen dos tíos más, con escopetas, ¿que hago? me piro. Y tomó las de Villadiego.
No se, pero a mi me parece una acción demasiado inteligente para un animal. ¿No creéis?. Al fin y al cabo él consideraba la montaña como suya y lo normal sería haberse quedado a defenderla, vamos, como hizo el gallardo cazador instantes antes de ser rajado magullado por el oso.
Y ahora vendrá la histéresis, el miedo, la desconfianza, las quejas y las manifestaciones anti-osos. Los de “Está pasando” irán al Pirineo a entrevistar al oso, Buenafuente lo sacará en un monólogo y hasta quizás Gabilondo lo invite a su informativo para discutir los pros y los contras de la convivencia entre los osos y los humanos. El único consuelo es que después de tanto revuelo, cuando salga otro escándalo, todo el mundo se olvidará de los osos.
Que el Pirineo es muy grande y parece que no podamos vivir todos en paz. Leñe.
la habitación de esperar
Según el estado de ánimo que arrastremos, la vida no es más que esperar a que pasen cosas: a que baje tu novia, a que llegue el bus, a que te llamen los colegas… . La sensación de tiempo perdido se hace mayor a cuanto más joven es uno, vamos, la típica sensación de ahogo y “estoy perdiendo el tiempo, esto no mola”. Curiosamente al hacernos mayores nos conformamos, algunos dirán que nos hacemos pacientes, y tras sentarnos en algún rincón vemos correr las agujas del reloj.
La habitación de esperar es ese lugar que todo edificio público posee: hospitales, registros de la propiedad, juzgados etc. y es un maravilloso caldo de cultivo para todos los tipos de impaciencia que el ser humano desarrolla a lo largo de su vida.
Bajo la mortecina luz de un fluorescente se alinean filas y filas de asientos cual armada de plástico, cuadrados sobre sus cuatro patas de metal. Generalmente suele reinar un silencio mal acallado, pues los móviles y los niños pugnan por romper tal ley, pero en momentos de histerismo (esperas de más de 3h) los decibelios igualan un concierto de AC/DC.
Y son los niños, una vez más con su bendita y simple sabiduría, los que nos abren los ojos. Si observamos a un niño en una sala de espera hace de todo menos esperar. No comprenden el hecho de sentarse y callar. Nosotros tampoco, por muy adultos que seamos, pero ante la vergüenza de no acatar las normas nos doblegamos mansamente.
Una vez oí a un chico, de menos de 8 primaveras, preguntar a su madre que por qué la habitación de esperar no tenía un televisor, o juguetes o algo. La madre, sin argumentos, se afilió al sobado: “porque no, y punto”. Con lo cual el chico dedujo que la cara de mala hostia que gastaba el personal allí reunido era por eso: no tenían juguetes.
En ese mismo instante comprendí realmente lo que era el tiempo perdido: esperar. Pero esperar sentado, mirándote los pies con la cabeza gacha hasta que alguien anunciara tu nombre y te sacara de la cárcel. Con que nos dieran una pequeña opción para aprovechar el tiempo en esas habitaciones seguramente seríamos algo más felices. Un libro, una revista, un pasatiempo, un programa de televisión. Algo.
Contar exactamente todos los minutos que he perdido de mi vida es casi imposible, pero a veces pienso que el hecho de planterme dicho cálculo delata que ya he perdido suficiente tiempo y no debo malgastar el resto.
¡zas! patada en la boca (o hacer las cosas desinteresadamente)
Últimamente tengo la sensación que todas las pocas acciones desinteresadas que hago, no es que no reciban recompensa, sino que mayormente son premiadas con un escupitajo en la cara. Como acción desinteresada no me refiero a bajar un lindo gatito de un árbol o salvar un bebé de un coloso en llamas, no, quizás mis acciones sean un poco más cotidianas. Me refiero a pasar a buscar a aquel amigo/a que nadie va a recoger a la estación, arreglar el ordenador a alguien o simplemente cenar con gente que no soportas tan solo por hacer feliz a un tercero. Cosas que por si solas no salvaran al mundo, pero que ayudan a hacer un poco mas llevadera la existencia.
La recompensa para cualquiera de estas acciones es un asunto bastante turbio y subjetivo. Depende del cristal con el que lo mires. Esperar el susodicho premio ya suele ser preludio de desilusión, pues los demás no valoran el esfuerzo ajeno (al menos no de la misma forma que uno mismo). Y ahí llegan a la carga, cual caballería cosaca desbocada, las desilusiones, los desencantos y los palos de la vida, que nos ayudan a ser más maduros, sensatos e hijoputas.
Al que dijo “Cada buena acción tiene su recompensa” lo tendrían que pasar por la quilla, por embustero y demagogo. El sabor acre de haber hecho el primo no se va ni metiéndose una caja de caramelos de menta entre pecho y espalda, como muchos (amargamente) recordaran.
Y esto nos lleva a escudarnos ante futuros males. ¿Como?. Ya lo sabéis: -¡Pepe! ¿Puedes pasarme a buscar el viernes a la estación?- Y Pepe pone cara de poker y dice…- Uuuuy que mal me va, que ahora tengo un curro que no veas- Y Pepe se las pira. Y alguien vuelve de noche pateándose las calles cargando con un maletón.
La ley de la selva. Ni más ni menos.
Es por eso que cada vez hago menos acciones desinteresadas y si las hago pido exorbitantes recompensas, irreales, suntuosas y por supuesto imposibles. Para así poder irritarme más y matar de una maldita vez a esa inocencia, el maldito altruismo y la puta que los parió. Porque quiero ser uno más de la sociedad, de esos que se aprovechan de los demás y triunfan , follan cada noche con una distinta, conducen un coche que te cagas y visten trajes de Zara con corbatas de colores y camisas rosas.
No quiero recibir más patadas en la boca.
Quiero repartirlas.


Please support us by using Babylon search engine
La puñalada trapera: símbolo de civilización.
Desde que dejamos de arrastrarnos por el fango y conseguimos erguirnos sobre nuestras patas traseras, hay algo que siempre ha estado presente en el ser humano: el conflicto. A mayor o menor escala siempre nos hemos lanzado los unos al cuello de los otros por diversos motivos, ya sea por comida, aparearnos o (mi mentira favorita) “por el bien de la nación”, carta blanca para cometer las mayores salvajadas de la historia.
Aún así, como homo sapiens que somos hemos refinado el arte de darnos palos los unos a los otros, buscando siempre la mejor manera de pegarle muy fuerte en el jeto a alguien y salir corriendo, no sea que se enfade y nos monte una escena.
En el comienzo de los tiempos el conflicto estaba bien visto. Un mindundi cualquiera se armaba con un garrote de tres palmos y se proclamaba líder de la tribu, gobernando gracias a su buen juicio y al garrote. Y nadie se lo discutía ya que el garrote no daba muchas opciones al diálogo. Los conflictos eran en abierto, como antaño lo eran algunos programas del ya extinto canal plus, para que todo el mundo lo viera (lógico pues en esos tiempos no había televisión ni GH). Pero con el paso de los siglos el hombre se ha cansado de ver tanta sangre e higadillos por los suelos, sobretodo cuando eran los suyos, y en vez de pensar en otra opción que no fuera el conflicto (ideas liberales que no llevan nunca a ninguna parte) este ser bípedo y parcialmente inteligente ideó una manera de cargarse al prójimo sin arriesgar el pellejo: la puñalada trapera.
La puñalada trapera es un arte que se puede aprender, pero algunos seres humanos lo llevan ya de serie en sus genes, estos son los llamados “putillas”. El campo de batalla del putilla suele ser la oficina y su coraza una camisa a cuadros. Su principal arma es el sigilo y suele golpear cuando uno menos se lo espera, pues es un maestro del subterfugio.
Este arte es el summum de la evolución en lo que asestar golpes se refiere. Sin las algarabías propias de una batalla campal, un comentario dicho allí o un secreto revelado allá bastan para provocar la sangría de una invasión bárbara sin todo el caos y el desorden que ello comporta, bastando un servicio de limpieza sub-contratado para retirar los muertos o heridos y hala, ya podemos abrir de nuevo la persiana y poner el negocio en marcha.
Como conclusión final es de destacar que el ser humano, haciendo alarde de su inteligencia una vez más, ha creado otra arma de la que no existe protección posible. Es decir, ¿porque una cobra es letal? -porque tiene veneno- respondéis. Pues no, es porque tiene veneno y el veneno no la afecta a ella, que sino ya ves tu que risa si se pega un bocado a ella misma.
De la misma forma que un putilla reparte cuchilladas, él mismo también puede ser blanco de otro putilla así que ni ellos mismos están a salvo, con lo que se acrecienta la sensación de paranoia y se lanzan más cuchilladas “por si acaso”.
Vigilad vuestras espaldas, o si ya es demasiado tarde, lucid las cicatrices con orgullo.
la verdadera palabra
Y levantó sus manos hacia el cielo proclamando un mensaje a las nubes y a los pájaros. La multitud allí congregada enmudeció ante las palabras del profeta. Se subió a una roca y exclamó las palabras por las que siempre sería recordado: -”Si alguien te golpea tu mejilla izquierda, ve y aprende karate”-.
Y la multitud se disgregó para extender el mensaje del mesías y reír de sus tonterías. Al finalizar el día sus acólitos eran una piedra, su fiel mula y un botijo viejo. Y grande fue su indignación que marchó al desierto por sesenta días y sesenta noches, para así regresar con las esperanza de que se hubieran olvidado de él.
El génesis según Jeremías, Cuarto y mitá de profeta.






