Archivo para Septiembre 2008
tediosa parrilla
Desde hace un tiempo que cada vez me asquea más la tele. Si, señoras y señores, soy un rarito y pueden tildarme de comunista, jipi, anarquista, fascista, pro-aborto, anti-aborto, terrorista, traidor, hereje, mentiroso y gilipollas. Pero es así.
Claro que veo la televisión mientras como, los fines de semana y algunos ratos muertos… pero me cuesta cada vez más volver a sentir aquella pasión electrizante, antecedente de un capítulo de Los hombres de Harrelson o Alf.
Antes me gustaba CSI (el de Las Vegas, que el Miami daba arcadas) pero esto de repetirlo hasta la saciedad me hizo aburrirlo, y así, los lunes se quedaron sin nada decente en la tele. Por otro lado encontramos a mi amado Cámera café, comodín por excelencia y movible cual ficha de parchís. De como un programa cortito, gracioso y que entraba la mar de bien se convirtió en un remiendo de parrilla televisiva, sólo puede contestarlo Iker Jiménez. Que luego lo sustituyan por Grandes Hermanos o lo que se tercie, bueno, para que hablar más.
En cuanto a las series, al menos a mí me cuesta engancharme a alguna, no por el argumento ni los actores sino más bien por el horario. Y no es que yo me vaya a dormir con los Lunnis, pero después de las noticias el mogollón de anuncios que te has de tragar hasta que empiece tu serie favorita no es moco de pavo.
Si alguna vez ponen alguna película, que suelen ser bastante antiguas tipo La jungla de cristal o así, uno gusta de verlas pero al segundo corte publicitario miras el reloj y son las doce y media y el amigo Willis aún no ha disparado todas las balas del cargador. Por lo tanto piensas: me la bajo y ya veré el final. Y a la cama.
Realmente es curioso como poco a poco se va uno desenganchando de la tele. Yo que los sábados y domingos por la mañana me levantaba a las siete de la mañana y no me despegaban del televisor hasta la hora de comer. Vamos, que yo pensaba que aquello sería una relación estable como pocas. Y no, nada de eso. Tras un breve escarceo con una nueva amante llamada Internet, patada a lo viejo y a vivir que son dos días.
Ahora bien, la amante es más exigente que nadie. La encuentras en todos sitios: en casa, en el trabajo, en los café, en los bares, en los institutos y universidades… una adicción fatal que se dice.
Como colofón de todo esto quiero decir que sí, que no veo la tele a diario pero que tampoco leo a Kafka ni a Bucay (nunca los he leído, salvo La Metamorfosis que era obligada lectura en el instituto) así que de intelectualoide nada, que ya me gustaría a mí.
Así que si alguien tiene alguna sugerencia sobre algo que hacer (cosas decentes, por favor) de 9:30 hasta las 23:00h, se aceptan sugerencias.
Muchas gracias.
Torpedo por la banda de babor, mi capitán…
Vía meneame leo esta noticia en la que básicamente nos cuentan que se va votar una enmienda en el parlamento europeo para prohibir el P2P. La noticia en sí es bastante interesante, tanto que las palabras antes del anterior punto se escribieron hace tres o cuatro días, quedándose como un borrador.
Hoy al abrir el dashboard (nombre que parece sacado del acelerador de partículas ese) me encuentro allí el solitario draft para minutos después, en un breve escaqueo del tedio de la oficina, leer esto y enterarme que ya ha sido aprobada (y por mayoría hoygan).
El informe Harbour, en (dudoso) honor a Malcom Harbour que seguro que se ha pasado un millón de horas enfrente del word redactando el informe, básicamente dice que hay que prohibir las P2P. ¿Por qué? Porque perdemos dinero, usted, yo y el vecino. ¿No me cree? Léase el informe Harbour. Ahora bien, como eso de “informe Harbour” queda tan administrativo, serio y formal, coloquialmente se le llama la enmienda torpedo (¬¬’) que lo hace mucho más humano (y así la puñalada es más trapera aún).
Ahora en serio (si es posible tomarse esto en serio), si prohíben el P2P: ¿que van a hacer?. ¿Crear la policía del P2P? ¿Como serán sus uniformes? ¿Llevaran una porra con usb? Hay tantas preguntas…. Ahora bien, que harán con el 90% de la población europea que según ellos piratea música, juegos y software vario. ¿Todos a la cárcel? Me gustaría verlo. ¿Multas? ¡Ja! Multar a un pobre mindundi por aparcar en doble fila es muy fácil y gratificante, pero… ¿y multar a más de noventa millones de personas repartidas por toda Europa?. Pobre del cartero que deba llevar las citaciones, ya se puede comprar unas zapatillas cómodas ya…
Y otra cosa más ya que estoy encendido: todos somos piratillas. Sin excepción. Que eso de criminalizarlo diciendo que “son unos pocos” es una mentira tan grande como la Sagrada Familia subida encima del Camp Nou. Que al españolito medio le dices: ¿quieres la primera temporada de héroes? ¿Si? Pues tienes dos opciones, o vas a la tienda y pagas cincuenta eurazos o te lo bajas de internet y con esos cincuenta leuros que te has ahorrado te compras unos buenos libros (que quieren que les diga señores, ¡Me gusta la ciencia ficción!).
La respuesta es trivial. Si hasta mi abuela de ochenta años recelaba de esto, pero al presentarme yo en su casa con la discografía entera de Tamara (la que canta a Roberto Carlos) y decirle que era gratis, me comió a besos y me mandó traerle más en la próxima visita.
El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
PD: Y como vengan a enchironar a mi abuela que sepan que opondremos toda la resistencia posible. Avisados estais.
Andy (de Andy y Lucas) Vs Pedro Solbes – Round 1 ¡Fight!
Tras leer que el amigo Andy (de Andy y Lucas) en una entrevista, finalizada ya esta, estaba charlando con la periodista así como para pasar el rato (parece que va a llover, ¿que hizo ayer el Sevilla? etc etc etc) y entonces sale el tema estrella: la crisis. El colega no se quiere quedar atrás y ocurre esto [transcrito literalmente]:
“Fue entonces cuando Andy, repentinamente iluminado, se puso muy serio y se dirigió a la entrevistadora: “Oye, tú que tienes estudios…”, empezó la frase, con toda la modestia de que sólo la infinita sabiduría es capaz.
Y remató: “¿QUÉ PASA, QUE NO PUEDE FABRICAR EL PAÍS MÁS DINERO O CÓMO VA ESTO?“.”
Tío: has quedado como un gilipollas y media España se va a partir la caja con esto. Lo bueno es que seguro que vendes más discos.
Ah, si ves a Pedro Solbes por la calle empieza a correr porque intentará desnucarte.
Si te ves a ti mismo, tranquilo, estas delante de un espejo.
Si ves a alguien que se ríe, probablemente será de ti.
Suerte.
promoción del ‘98 (os odio a todos, esto… ¿que tal? )
Gracias a las nuevas tecnologías los seres humanos hemos podido enlazarnos de manera gradual e imperceptible, en tal forma que al minuto podemos saber si a nuestro amigo del alma (que está estudiando en Perú) le pica la almorrana. Lo que avanza la tecnología, hoygan.
Ahora lo que está de moda son las redes sociales, que mira tú por donde antes la palabra red siempre tenia connotaciones perversas (red de narcotráfico, de trata de blancas, de prostitución etc), pero amigos míos los tiempos cambian y ahora si no tienes un facebook, un myspace o un fotolog no eres nadie.
Inciso: si tienes un blog directamente te clasifican como “elitista”, “friki” o cosas aún peores. Mira tú por donde que por tratar de escribir una cosa coherente, más o menos amena y sobretodo sin esas malditas abreviaturas ni faltas de ortografía que harían revolverse en su tumba al mismísimo Cervantes (q.e.p.d.).
Después del desahogo, volvamos al tema. Como uno no quieres ser menos que nadie, voy y me hago un facebook de esos (ya parezco mi abuela, lo nuevo me da repelús) no sin antes cierta suspicacia. Al principio bien, te agregan los amiguetes más próximos, pones alguna foto para que los demás vean tus pedazo de vacaciones en Barbados, dejas un par de comentarios (para que te comenten) y nada más.
Luego viene lo de los seis grados de separación, que para el que no lo sepa es una teoría de que todos estamos separados por seis personas (o algo así). Es decir, yo no conozco a José Maria Aznar, pero según esta teoría, hay una persona que me conoce a mí, que conoce a alguien, que a su vez conoce a otro… que conoce a PepeMari. Fascinado y horrorizado me hallo.
Gracias a esa fabulosa teoría, empiezas a reencontrar amigos de la infancia. Y se forman grupos: que si antiguos alumnos de colegio San Juan de Pinilla, que si generación del ‘78. Vamos, y me llamáis a mi freak por tener un blog. Donde vamos a parar.
Y como no, tras formar un grupo, siempre está el típico (habitualmente del género femenino) que organiza una cena. Fantástico. Antes uno siempre podía alegar que no estaba en casa cuando le llamaron, con los móviles la cosa se puso más difícil pero seguimos trampeando, pero ahora… tras inundarte el buzón de correos reenviados (re:re:re:re:re:re:re: KDD cenuki promo’98!!! no falteis!!) no hay escapatoria (honorable) posible.
Y allí que tienes que ir, y aguantar a los pelmas de turno que aún piensan que somos iguales que en secundaria, y ver a la chica que te gustaba (que ahora está divorciada, con un crío y te mira con otros ojos), para finalmente hartarse de la farsa y largarse con los postres aún bajando por el gaznate.
Gracias facebook. Gracias promoción del 98. Os odio a todos.
[PD]: por supuesto no odio a todos los de mi promo, tengo muy buenos amig@s allí, pero los muy cabrones se las ingeniaron para no ir. Que no se puede ir con buena fe por este mundo, nchts. Eso si, ya me he borrado del facebook.
el timo del cruasán (o como rematar una mala temporada)
Hace días que no escribo nada… ¿será falta de ideas? ¿perritis aguda? ¿se habrá colgado el servidor?… Probablemente una combinación de todas. Ahora bien, este tiempo de entretiempo (curiosa frase…) en que está nublado pero hace calor, que si me quito el jersey, que si me lo pongo, que si ahora estoy sudando a chorros. Es una locura.
Estos últimos días han minado más la moral de un servidor, más que si hubiera estado esclavizado en unas minas de sal, y el día a día se ha transformado en una rutina angustiosa que implicaba acostarse con los lunnis y maldecirlos por la mañana al levantarse.
Para rematar, esta mañana no había nada que echarse a la boca en casa. Tras improvisar un zumo de naranja (de unas naranjas algo pochas), comer la última galleta (parcialmente blandurria, ecs!) y desearme a mí mismo valor para afrontar lo que se preveía como un día algo agreste, me encamino al trabajo. Antes de llegar me encuentro uno de esos hornos franquiciados en que las panaderas van rotando a diario (con lo que se pierde la proximidad), y mi hambrienta tripa ha pensado en adquirir un cruasán.
EL cerebro, que aún estaba en el séptimo sueño, no se ha negado y tras adquirir el último permiso (el de la cartera) allá que me he lanzado. Normalmente no soy simpático con los tenderos, más bien correcto: quiero esto, gracias, adiós. Hoy no, no se porqué, he entablado algo de conversación con la panadera:jiji, jaja pone un cruasán anda. Ella me dice que están de oferta y le pido dos (soy un poco gulas), ahora bien: me ha cobrado tres. Genial. Y lo mejor es que yo lo sabía pero tan hecho polvo que estaba que ni de discutir tenía ganas.
Y aquí estoy ahora, en la oficina, con los cruasanes sobre la torre del PC. Los miro y no tengo hambre, me recuerdan que he perdido las ganas de luchar. No pasa nada, en breves aparecerá alguien y los devorará junto a un café de máquina (de gorrones el mundo está lleno). Que sea así.
A Scarlett O’Hara pongo por testigo que esto se acaba hoy mismo. A la hora del almuerzo me bajo al bar y me pido un bocata de los que hacen historia, y me lo como en la terraza aunque caigan chuzos de punta.Y con las gafas de sol puestas.
Que aquí no se acaba el verano hasta que yo lo diga.
funcionarios: las dos caras de la moneda
Vale. Es un hecho. Cuando uno habla de funcionarios la gente toma carrerilla y se prepara para vomitar sapos y culebras durante un buen rato. No es para menos, pero de inútiles esta lleno el mundo y precisamente no todos están detrás de una ventanilla.
El hecho es que hoy un servidor ha decidido sacrificar dos tardes a la semana para hacer un cursillo de estos que subvencionan, y como estamos a septiembre, toca matricularse. Matricularse en cualquier entidad pública implica colas y mucha documentación, así como salas de espera, muchas salas de espera.
Mi sala de espera era (es) un aula habilitada a tal efecto, lo que me vengo a referir es que le han cambiado el letrero de “aula 101″ a “sala de espera”. Y ni siquiera lo han hecho a ordenador, un folio doblado por la mitad y pintarrajeado con rotulador. ¡Señores, que estamos en el siglo XXI!.
Cuando uno comparte sala de espera con otros compatriotas made in spain, se da cuenta que los españoles no sabemos esperar. Muy pocos leen, hacen crucigramas o ocupan esos minutos (a veces horas) perdidos. Ahora bien, el deporte nacional en una sala de espera es criticar. Al que sea, pero preferiblemente a la entidad/organismo de la que se esta haciendo uso de la sala de espera.
Tras la primera hora los ánimos se caldean y entonces salen los primeros exaltados, tras ellos se arremolinan las masas aplaudiendo su demagógico discurso. Los funcionarios se estremecen, pero no se amedrentan, han soportado cosas mucho peores.
Entonces en algún momento ve la luz la famosa/temida frase: “y todo con el dinero de nuestros impuestos”, que es como decir: “debería usted besarme los pies mientras me los masajea con agua de rosas, sr. funcionario”. Tras esto vienen los gritos, los cabreos, los intentos de poner paz, y finalmente los antidisturbios y el trillado “vuelva usted mañana”.
Pero luego nos encontramos la otra cara de la moneda. Esa gente que más odia a los funcionarios, que los critica, los vilipendia y los desprecia… quiere ser como ellos. Si amigos, no me llaméis loco ni os rasguéis las vestiduras, que de razón tengo un rato.
Es un hecho consumado que el 97,5% de la gente que arma tanto jaleo en las salas de espera, ante la pregunta de que harían ellos si fueran funcionarios, la respuesta suele ser: “hombre, pues tocarme los huevos más que nadie”. Ole, ole y ole.
Caballero mal me temo que no es usted más que un envidioso. De esos que si volaran no veriamos el Sol.
Cribar una y otra vez.
La palabra inocencia ha sufrido una degradación bastant injusta a lo largo de la historia. Es curioso ver como los literatos y poetas romànticos la consideraban un don casi divino, para acabar en nuestros días como sinónimo de tonto o lerdo (o en su versión más suave: joven inexperto y poco espabilado).
Yo era inocente de joven, quizás no con una inocencia propia de un relato de Charles Dickens, pero si con una visión de la vida un tanto idealizada (y edulcorada) en la que estaba clarísmo de que bando estaba todo el mundo.
De mi bando estaban los colegas, que te invitaban a cerveza y a tabaco, y que eran como tu famila, que digo, más si cabe, luego estaban los gupos de música, los bares y toda esa parafernalia que tanto me gustaba y que yo consideraba “auténticos”. Del otro bando estaban los profesores, mis padres, los políticos (todos unos vendidos), los pijos, los canis y en definitiva todo aquel que me quería hacer mal a mí o a mis colegas. ¿Fàcil, no?. Blanco o negro, o estas dentro o estas fuera, así de sencillo.
Inocente…
La primera desilusión que uno suele llevarse es con los colegas, esos que pensabas que conservarias para siempre. Un cambio de instituto, o simplemente un/a novia/o basta para levantar un muro insalvable entre los dos. Primera lección: nada es eterno. Entonces empiezas a cribar a los amigos, y de aquella pandilla de diez o doce, te quedas con seis a los que sí consideras tus verdaderos amigos. Pasan los años y la gente empieza a seguir caminos diferentes, unos van a la universidad, otros a trabajar, algunos al extranjero etc etc etc. Conoces gente nueva y las comparaciones son inevitables. “Parece mentira que Susana, a la que conozco de tan solo unos meses, le tenga más confianza que a Patricia que la conozco de toda la vida”. Y vuelves a cribar, y esta vez la criba puede ser tan bestial que hasta cambies de amigos totalmente, y dependiendo de la manera en que lo hagas el reencuentro puede ser imposible.
Finalmente la última criba se hace al finalizar los estudios y entrar en el mundo adulto. Uno piensa que no ha cambiado, que sigue siendo el mismo y se relaciona con los amig@s de toda la vida igual, pero no, ellos ya te ven como el doctor, maestro, biólogo o lo que sea, da igual, porque realmente ellos lo que ven es que tu sueldo es bastante superior al suyo. Envidia, celos o lo que se tercie. La custión es que con el tiempo (y un carácter ya debidamente forjado) uno vuelve a cribar, y esta vez le cuesta menos que las anteriores.
Entonces uno descubre que ha perdido ya toda inocencia, que aprende a verlas venir, que cada vez es más difícil pillarle desprevenido y que las cosas ya no son blancas o negras, hay mil y un tonos de gris.
Nos hemos hecho mayores finalmente.






