Los vicios que dejé atrás

La metamorfosis es un vicio como cualquier otro.

La felicidad es una cárcel insidiosa

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Citando al gran poeta y dramaturgo (aparte de superhéroe) V, “la felicidad es una cárcel, la cárcel más insidiosa de todas”… y cuanta razón llevaba el chaval.

¿Por que sera que cuando uno se acomoda se le van las ganas de hacer cualquier cosa? De repente empieza a dar pereza salir a comer fuera, o de viaje o incluso a tomar algo. Es una muerte en vida, sólo que no nos damos cuenta. Reducimos el universo a tres o cuatro espacios, el trabajo, la cama, el salón de casa y el supermercado, y de lo que ocurra más allá de esas fronteras no nos interesa lo más mínimo.

Personalmente, después de una desgracia (o simplemente un desengaño, la magnitud no importa) siempre uno sale adelante: “me apuntaré a clases de inglés”, ” de este verano no pasa que no vaya a Berlín”, “voy a cambiar de trabajo” etc. Se pasa mal, pero no vemos que es necesario ese caos para que como personas le demos sentido a nuestras vidas.

Del caos brota la vida y es triste que siempre ocurra inmediatamente después del sufrimiento. Mucho tenemos que agradecer a la 2GM, pues los ordenadores casi se podría decir que nacieron allí, o como mínimo, que el capital que se aportó en dicha guerra influyó notablemente en su desarrollo.

Crecerse ante la adversidad es algo inherente en el ser humano, y si bien hoy en día estamos bastante aposentados, dale una mínima posibilidad de sobrevivir a un hombre y éste se aferrará a ella con uñas y dientes. Quizá nuestros desafíos ya no tengan la talla de las escaramuzas contra los piratas moriscos o invasiones bárbaras. Ahora se puede decir que jugamos en una liga más modesta, son los erasmus que se van a vivir a un país extranjero, los jóvenes que luchan por marcharse de casa, las mujeres que luchan por sus derechos.

Pero si nos fijamos, todos estos motivos no vienen “por que sí”. La gente se marcha a estudiar fuera por algún motivo, se va de casa para conseguir independencia y libertad, y en el caso de las mujeres maltratadas… bueno, eso sí que es una lucha por la supervivencia.

Por eso, y por todo lo demás, ante una desgracia, cuando siento que ya estoy tocando fondo, veo una nueva oportunidad. Tras unos días de arrastrarme lastimeramente por los rincones agazapado entre tinieblas, sé que resurgiré, puede que incluso un poco más fuerte. Soy consciente de que no todo el mundo afronta sus demonios de la misma manera, pero aunque sea en pequeños gestos que no apreciamos (comprar ropa nueva, cambiar de bar, variar el estilo de música) somos luchadores incansables, y mal que nos pese necesitamos esas malas jugadas que nos brinda la vida como el comer. Que remedio, pues en la carrera de al superviviencia el que se queda atrás… ya sabemos lo que le ocurre.

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