Los vicios que dejé atrás

La metamorfosis es un vicio como cualquier otro.

Un trabajo gratificante

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[ visto en 20minutos.es]

“Estudiar lo que a uno le gusta es importante, pero igual de básico, o más, es que esa formación nos de un trabajo gratificante en el futuro. Esto es algo que no se piensa mucho con 18 años, pero luego tiene sus consecuencias.”

Leo esta noticia y me estremezco. Esas palabras me traen recuerdos de una reciente graduación en la universidad y luego la posterior frustración al buscar un trabajo, constatando que la escuela de la vida te engulle, te mastica y luego te escupe.

Yo decidí ir a la universidad por el simple hecho que todo el mundo me dijo que yo no servía para eso. Sí, ya lo sé, es un tanto utópico pero a cabezón no me gana nadie. Eran días felices. La universidad es un mundo bastante onírico, en comparación con el mundo de fuera, y cuesta poco adaptarse a él (al menos para mí), madrugar poco, asistir a clase, comer con los compañeros, unas risas, estudiar (un poco) y luego al salir, unas cervezas antes de volver a casa con el deber cumplido.

Pero la realidad es que cuando uno acaba la licenciatura (o diplomatura) bien bien no sabe hacer nada. No digo que seamos unos inútiles, pero… ¿realmente que tarea puedes hacer?. Es decir, yo por ejemplo me dediqué a la ingeniería pero al acabar la carrera no sabía construir un edificio, ni diseñar un circuito o programar una línea de montaje de robots. Picar de aquí, picar de allá, solo eso.

Vale, quizá me estoy excediendo, pero en una entrevista de trabajo siempre te sacan ese defecto: ¿Que sabes hacer? <”Bueno… he programado algo en C++, sé algo de normativa contra incendios, un poco de diseño de placas y una vez insolé un circuito en el laboratorio de la universidad.”>

Las carcajadas se oyen hasta en San Petersburgo. De verdad. A mí me pasó.

Por eso la gente prefiere a los de FP. Quizá aprenden menos, quizá no saben ralizar los desarrollos matemáticos de tres pares de cojones que los diplomados, pero te saben hacer un balance de cuentas, o simplemente cambiar un fluorescente. Saben hacer pocas cosas, pero las saben hacer muy bien.

Pero el quid de la cuestión no es éste. A los empresarios les disgusta desprenderse de su dinero (le tienen mucho apego) y encima el 70% de los empresarios no tienen formación universitaria (son hombres hechos a sí mismos). Y claro, al ver al pipiolo recién salido de la universidad que les dice que no tiene experiencia piensan que seria mejor invertir el sueldo de este mindundi en cambiarle las llantas al BMW.

El error, como siempre, está en la enseñanza. Si la cosa no funciona cámbiala, esa es (o debería) ser la teoría, pero al final hacemos como siempre, que cada perro se lama su pija y maricón el último. Estoy de acuerdo que hay que espabilarse, pero financiar una carrera universitaria en comparación con la FP es radicalmente diferente, y por tanto según la inversión se esperan beneficios (como mínimo) equivalentes. Digo yo.

¿Solución? Seguramente la hay. Pero implicaría formar profesionales adecuados que luego cobraran sueldos decentes, y todos los empresarios saben que un currito no debería ganar tanto.

Así, así es como nos quieren, indefensos, con la personalidad hecha trizas y dispuestos a aceptar las migajas que nos arrojan.

Escrito por rebelwaltz

Abril 18, 2008 a 9:29 am

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