Ejercicio de felicidad

Hace relativamente poco me explicaron un ejercicio que les hacían a los jóvenes en los institutos, días antes de graduarse. El ejercicio consistía en escribir en unas pocas líneas su ideal de felicidad, por raro que fuera, y luego hacer un par de reflexiones.
Como que el ejercicio me pareció interesante, ahí va la mia:
Mi ideal de felicidad era acabar mis estudios, que ya se alargaban demasiado, y encontrar un buen trabajo en dónde ejercer. El trabajo debía ser en mi ciudad y si bien no debía forrarme, debía permitirme vivir holgadamente sin tirarme de los pelos porque la factura del gas había subido 5 euros.
En lo personal me gustaría encontrar aquella persona con la que compartirlo todo: momentos, viajes, cenas, pensamientos. Una persona con la que se pueda dialogar, que no tenga miedos ni complejos, que me quiera y que tenga respeto por las demás personas. Viviríamos en un piso grande, con terraza (a poder ser un dúplex) y viajaríamos bastante. Los hijos no entran de momento aquí, pero con el tiempo seguro que nos lo planteamos.
Sobretodo mi ideal de felicidad pasa por el éxito laboral y una satisfactoria relación personal. Es quizás un tanto obvio, pero tampoco quiero imaginarme imposibles (dominar el mundo, etc…). Supongo que pienso que al ser realista es más fácil que se cumplan mis deseos.
El primer ejercicio consiste en releer lo escrito. Aunque parezca mentira, si dejamos pasar unos minutos y volvemos a leer lo que hemos redactado lo veremos con un ojo mucho más crítico. Se le preguntó a los chicos si deseaban reescribir su sueño, a lo que más de un 60% contestó afirmativamente. Yo por mi parte, sigo en mis trece.
El segundo ejercicio es comparar nuestro sueño con la realidad, y tratar de cuantificar que tanto por ciento de ese sueño hemos cumplido. Claro está, que esta parte hecha en adolescentes está destinada a obtener tanto por ciento bastante bajos, pues como adolescentes tienen toda una vida por delante. Personalmente creo que los que más pueden sacar partido a este ejercicio son los mayores de 25. Por lo que respecta a mi tanto por ciento diría que ando sobre un 30% o un 40%. He finalizado mis estudios satisfactoriamente pero ni mi trabajo me convence, ni estoy seguro de como van las cosas con mi pareja ( y por supuesto no me he independizado).
El tercer (y último) ejercicio consta de una meditada reflexión sobre los factores que han dificultado la llegada al 100%, o en su defecto a un % más elevado. En mi caso quiero tomarme un tiempo para reflexionar, así que dejo esta parte en stand by a la espera de tener una buena respuesta.
Continuará…
Categoría: problemas.

No eres un imán para los accidentes…Esa no es una clasificación lo suficientemente extensa.Eres un imán para los problemas.Si hay algo peligroso en un radio de 15 km, inexorablemente te encontará
-Te incluyes en esa categoria?
-Sin ninguna duda.
A veces cuando piensas “sólo me puede pasar a mí”, es cierto. Pasa y te pasa sólo a tí.
Volver al hogar

Ser bloguero aficionado va ligado a ser un pájaro. Y yo como buen pájaro me he pasado una temporada revoloteando por otros mundos, quizá para tener unas cuantas historias que explicar a la vuelta, o simplemente porque un dia vino un mal viento y tuve que ahuecar el ala.
Pero ahora he vuelto. El nido está tal y como lo había dejado. Bueno, hay un poco más de polvo del que yo recordaba, la nevera contiena algunas nuevas formas de vida y hará que ventilar. Pero estoy de vuelta al hogar y eso reconforta.
Con una dosis de realidad bajando por el tubo digestivo me doy cuenta que no podré plasmar mis escritos con tanta frecuencia como antes. Bueno, no pasa nada. Nos reinventamos y sustituiremos cantidad por calidad (es lo que se suele decir). Esperemos no volver a más de lo mismo.
No me entretengo más, hay faena que hacer: cambiar cortinas, tipos de letras, tags etc… así que manos a la obra.
Bienvenidos a casa.
Diamantes y cartón

Cierto es que la crisis aprieta para aquellos que trataban con bancos (es decir, todos), pero especialmente afecta a los que pedían grandes sumas: joyerías, tiendas de ropa, cosméticos, etc.
Dichas tiendas ven como su género se “pudre” en los escaparates, ya que la gente tiene miedo a gastar, a la vez que el proveedor se niega a servir el pedido del mes no sin antes abonar el del mes anterior, y el otro, y el de más allá.
Nervios. Tensión. Intriga. (¿?). Total, que después de mucho pensarlo aquì se estaban fraguando unas rebajas y no nos habíamos dado cuenta. Pues hala a rotular carteles, etiquetar y demás. ¿Como? ¿Que no hay dinero?. Ups.
Para muestra un botón: en cierta joyería de la ciudad donde vivo están de rebajas. Su escaparate lleno de relojes, pendientes y cristales de Svaroski (o como puñetas se escriba) tiene un gran rótulo que pone REBAJAS. Pero ojo, que no es un rótulo cualquiera sino u rótulo de cartón pintado a tiza de colores.
Como aquellos de: “Soy pobre tengo dos hijas darme algo para comer”. Pero en versión fina, que sino los cristales de Svaroski se deprimen.
Vale que con la crisis tengamos que ahorrar y debamos retener la Visa un poco pero… eso no es excusa para ser unos cutres.
Aunque si la cosa está tan mal como para no poder hacer unos carteles con el WORD e imprimirlos… apaga y vámonos.
citas que nunca dije

“Tigres, leones, panteras, elefantes, osos, perros, focas, delfines, caballos, camellos, chimpancés, gorilas, conejos, pulgas… ¡Todos han pasado por ello! Los únicos que nunca hemos hecho el imbécil en el circo… ¡somos los gatos!“
oído en la oficina

[Aclaración]: esta conversación se mantuvo en catalán, y en este idioma colegio se escribe con L geminada (col.legi).
- ¿Colegio como se escribe?
- Con L geminada.
- ¿Y cual es esa? ¿La de la raya en medio?
- No, la del punto. Mira, se escribe así.
- Ah. Vale.
Hay momentos en que paso de 0 a 100 en un segundo, la sangre me hierve y gritaría hasta desgañitarme. Gritaría que para algo están las normas de ortografía, que no son tan difíciles de aprender ni de memorizar y que cuesta poco intentar hablar bien, ser correcto y adecuado.
Pero entonces no tendría amigos y no me invitarían a fiestas.
Hay días en que molaria ser sordo.
